El Enfoque de la Respuesta Pastoral (Principios que rigen la acción pastoral)

Vamos a tomar ahora un texto elaborado por la Pastoral de Adicciones de la Diócesis de Córdoba. El mismo, si bien está pensado para el abordaje de esta pastoral, también puede iluminarnos en nuestra capacitación parroquial; ya que nos ofrece una serie de criterios que pueden aplicarse a las distintas pastorales que componen la vida de nuestra parroquia.

Reconocer el hecho que hemos planteado y los consecuentes desbarajustes que provoca en nuestros esquemas, nos lleva a poner de manifiesto una serie de ejes que significan un “corrimiento de la mirada” en el abordaje que solemos hacer de las adicciones y, por tanto, de la prevención y el acompañamiento. Creemos que esto vale también para la pastoral en su conjunto. El primer corrimiento va “del consumo a la persona”, el segundo “de la linealidad dialéctica a la complejidad integral”, el tercero “del aislamiento a la comunión” y el cuarto “de lo virtual a lo territorial”. Estos ejes se co-implican y se iluminan mutuamente. Quizá sean distintas manera de hablar de lo mismo. Pero valen para profundizar el tema y asumir criterios de trabajo que nos sirvan de guía en el camino que estamos recorriendo. Agregaremos un último corrimiento, que da fundamento a los demás: “del intimismo infantil a la espiritualidad popular”.

  1. Del consumo a la persona: Este corrimiento del enfoque es el gozne sobre el que gira toda la propuesta pastoral de la Iglesia y nos ayuda a superar una manera de entender, tanto la prevención de las adicciones, como el acompañamiento de los que las sufren. La prevención, desde el enfoque del consumo, se basa en ofrecer información sobre los distintos tipos de sustancias y sus efectos. Es tarea exclusiva de especialistas. Se pondrá de manifiesto en la oferta de talleres: traemos al especialista tal para que nos hable de tal tema, etc. Se insistirá en la maldad de tal o cual conducta: “No hay que drogarse”, “No fumen marihuana”, etc. Las propuestas no responderán a un programa de prevención, sino que serán acciones aisladas. En cambio, la prevención con enfoque en la persona trabajará sobre las capacidades para la vida sana del niño, adolescente, joven, etc. Presentará la posibilidad de elaborar proyectos de vida, creará espacios saludables y de verdadera alegría. Pondrá en marcha la elaboración de un proceso de prevención en el que se involucra a toda la comunidad. No preparamos a los jóvenes para que no se droguen, los acompañamos y alentamos para la vida. Se nos abre el inmenso mundo de los sentimientos, pensamientos, experiencias, biografía, etc. que atraviesan la existencia de la persona que participa en nuestra comunidad. La prevención desde la persona sueña en crear espacios abiertos a los jóvenes, vengan cómo vengan, y les ofrece la atención y dedicación necesaria. Va a buscarlos donde ellos están (“la esquina”) y ofrece un vínculo sincero que abra procesos.

El acompañamiento (o asistencia) desde el enfoque del consumo, nos hace ver en el otro a un adicto al que hay que internar para que deje de drogarse. Se busca, en primer lugar, que la persona deje de consumir. En el enfoque desde la persona, se acompaña la vida de un hermano en la reelaboración de su historia y en la elaboración de un proyecto de vida que le dé motivos para elegir sanamente, dejando lentamente todo aquello que lo aparte del bien. Es decir: no dejo de drogarme porque está mal sino porque me hace mal a mí y a mi familia, entre otros. El acento está puesto en la vida y no en la sustancia. Este enfoque no busca resultados, sino despertar procesos que alienten la esperanza de una vida mejor, alcanzable con el esfuerzo personal y acompañado de vínculos sanos y positivos.

  1. De la linealidad temática a la complejidad integral: Socialmente estamos preparados para abordar las necesidades desde la linealidad temática. Es decir, si nos encontramos con una situación de adicciones tendemos a buscar un lugar especializado en el tema y confiamos en que ellos atiendan el problema del consumo y lo resuelvan. Esa es una “respuesta lineal” a un problema en realidad complejo. Buscamos resolver una situación pero no dar respuestas. Pensamos que: a tal dificultad le sigue tal o cual solución. Es, quizá, una manifestación más de la tendencia a “dialectizar” la realidad a la hora de afrontar las problemáticas. Podríamos expresarlo así: “si robó tiene que ir preso”, “si se droga tiene que hacer un tratamiento”, etc. En cambio, mirar la complejidad de la vida de la persona nos lleva a responder desde esa complejidad. Desde la trama de factores que atraviesan y, de alguna manera, nos ayudan a comprender la situación integral y particular de esa persona y los posibles caminos de ayuda que podemos elaborar junto con ella. La adicción no es un problema individual sino personal, colectivo y comunitario. Las búsquedas que emprendamos a la hora de prevenir o acompañar, desde nuestras parroquias y escuelas, serán necesariamente desde la diversidad de factores. Algunas preguntas pueden ser: ¿y la familia? ¿tiene trabajo? ¿estudia? ¿tiene dónde vivir? ¿cómo está de salud? ¿desde qué comunidad llega a hacer el tratamiento, qué comunidad lo está acompañando mientras está en etapa de desintoxicación, en que comunidad se reinsertará cuando termine el período de internación? Y muchas otras. Desde la pastoral de adicciones queremos acompañar la complejidad, trabajando junto a los especialistas. Le llamamos “acompañamiento inespecífico”, distinguiéndolo del “acompañamiento específico” que puede hacer un centro de tratamiento o un médico o un abogado, etc. dada la necesidad concreta. El acompañamiento inespecífico es transversal a todo el proceso, porque va de la mano de la persona; el acompañamiento específico es coyuntural y puntual porque atiende tal o cual aspecto o etapa del proceso.

Se trata de captar la trama de relaciones y vínculos que se entrecruzan y se co-implican en el joven (persona) que asiste a nuestras comunidades y sus necesidades. En el confluyen: la familia, la escuela, la parroquia, el centro vecinal, el club, el centro de salud barrial, el barrio, los vecinos, el estado, etc. Significa captar la “red” presente en la persona que acompañamos. Es advertir que este joven (y con él la comunidad) no es un hecho aislado del contexto social en el que vive. Captar esto, nos desafía a entender nuestras instituciones y organizaciones desde la red de vínculos que este niño, adolescente o joven nos presenta y articular, desde lo que tenemos para ofrecer, con las demás instituciones y organizaciones que lo configuran como persona, una serie de propuestas de prevención y, en caso que sea necesario, de acompañamiento en un proceso de recuperación.

  1. Del aislamiento a la comunión: Sobre la base del corrimiento anterior, caemos en la cuenta que: cada uno de nosotros somos, implícitamente, comunión y relación. En este sentido, prevenir es cuidar y promover a la persona desde una red de vínculos para la vida. Acompañar a los que sufren será sanar la red existencial de la persona e introducir en una red para la vida, en una comunidad, en una familia. La persona construye relaciones a lo largo de su existencia, algunas la orientan hacia la vida y otras hacia la muerte (droga, alcohol, narcos, etc.). La misma vida comunitaria va sanando el corazón. La misma experiencia de sentirse en familia, en un hogar, en su hogar, y saberse amado constituye la clave del proceso. El eje anterior y este, son dos caras de la misma moneda. Por eso, se podrían explicar casi de la misma manera. Las respuestas que podamos dar no serán desde la omnipotencia de algunos que pretendan dar todas las respuestas, sino desde la humilde confesión de nuestros límites y posibilidades. La respuesta es la comunión y es en comunión. Esforcemos por hacer de nuestras parroquias, escuelas y ámbitos pastorales, lugares en los cuales se respire la acogida fraterna y habremos dado un gran paso en el trabajo con los hermanos que sufren adicciones. Construir comunidad desde los que sufren será un gran desafío. ¿Cómo hacemos para que este drama (adicción) se convierta en un punto de construcción de la comunión? No se trata de atender un problema sino de involucrar a la comunidad en las respuestas que podamos ir ensayando. De este modo, iremos descubriendo juntos los dones que Dios nos ha regalado; la vida, a pesar de las dificultades, será ocasión para la acción de gracias. Las adicciones aíslan a la persona, la respuesta es el amor, y la comunión es otra forma de nombrar el amor (Juan 15, 9-17).
  1. De lo virtual a lo territorial: La dinámica social y el desarrollo nos hace estar conectados constantemente con la realidad global y mundial. Nuestro microsistema se ve invadido permanentemente por la dinámica macrosocial. Esto constituye un avance positivo respecto de nuestra conciencia humana. Toda la humanidad conforma una gran familia y cada uno de nosotros somos parte de esa familia; sea donde sea que estemos, lo que pasa en el mundo nos afecta de alguna manera. Pero cabe hacer una precisión muy importante a la hora de trabajar: la gente sigue viviendo en una casa, en una cuadra, en un barrio, sigue ocupando un territorio. Las disputas de los narcos son por el territorio. He ahí el gran éxito: ellos ocupan el territorio. Si vale la comparación, y salvando todas las distancias, es un principio de la guerra que: se gana cuando se ocupa el territorio, el lugar de vida de la gente.Es muy importante que trabajemos en red para ocupar y usar sanamente los espacios públicos (plazas, espacios verdes, etc.). Es muy importante que las propuestas de vida lleguen al territorio. Hay estructuras del estado, civiles y eclesiales que “quedan lejos”. Es fundamental que proyectemos con el objetivo de llevar prevención al sitio concreto en el que viven y crecen nuestros niños, adolescentes y jóvenes. La salud, la justicia, la educación, la fe, el deporte, el arte, etc. no pueden estar clausuradas en un lugar, deben ir en busca de la gente. La persona se enferma en su casa. Recordemos que prevenir es llegar antes y llegar antes que las drogas significa estar en el lugar para que los chicos consuman vida, alegría y libertad y no muerte como les estamos ofreciendo. ¿Cómo aprovechamos nuestras instalaciones parroquiales, escolares, etc.? ¿Las disponemos para que se realicen actividades juveniles sanas? ¿Vamos al encuentro de los jóvenes en donde ellos están (“la esquina”)? ¿esperamos que vengan o vamos a buscarlos?

Vuelven a resonar, en nuestros oídos, desafiantes y entusiasmantes las palabras del Papa Francisco en Evangelii Gaudium 24: La Iglesia en salida es la comunidad de discípulos misioneros que primerean, que se involucran, que acompañan, que fructifican y festejan. «Primerear»: sepan disculpar este neologismo. La comunidad evangelizadora experimenta que el Señor tomó la iniciativa, la ha primereado en el amor (cf. 1 Jn 4,10); y, por eso, ella sabe adelantarse, tomar la iniciativa sin miedo, salir al encuentro, buscar a los lejanos y llegar a los cruces de los caminos para invitar a los excluidos. Vive un deseo inagotable de brindar misericordia, fruto de haber experimentado la infinita misericordia del Padre y su fuerza difusiva. ¡Atrevámonos un poco más a primerear! Como consecuencia, la Iglesia sabe «involucrarse». Jesús lavó los pies a sus discípulos. El Señor se involucra e involucra a los suyos, poniéndose de rodillas ante los demás para lavarlos. Pero luego dice a los discípulos: «Seréis felices si hacéis esto» (Jn 13,17). La comunidad evangelizadora se mete con obras y gestos en la vida cotidiana de los demás, achica distancias, se abaja hasta la humillación si es necesario, y asume la vida humana, tocando la carne sufriente de Cristo en el pueblo. Los evangelizadores tienen así «olor a oveja» y éstas escuchan su voz.”

  1. Del intimismo infantil a la espiritualidad popular: Este eje, que colocamos al final, no es menos importante que los demás, sino que expresa un corrimiento esencial en la mirada que tenemos de nuestra espiritualidad de creyentes. Básicamente se lo podría enunciar diciendo que son todos los demás ejes llevados a nuestro encuentro con el Dios de la vida, sabiéndonos parte de una familia. Es abrirnos a la mirada misericordiosa del Padre y descubrir que él no nos reduce a nuestros pecados: ¡no somos nuestros pecados! Para Dios seguiremos siendo siempre personas e hijos suyos. Para él siempre habrá una posibilidad, siempre seremos más que nuestros errores. Es reconocernos parte de un todo superando las miradas que dividen entre buenos y malos, actitud tan religiosamente farisea. Somos familia y Pueblo de Dios. Pertenecer a ese Pueblo, no puede ser un aderezo en nuestra oración; debe ser parte constitutiva en el diálogo e intimidad con el Padre de todos. Aprender del Pueblo Santo de Dios, especialmente de los más humildes con su sabiduría y capacidad para caminar, a pesar del sufrimiento. La centralidad de la Palabra de Dios que habla y llama para servir a su gente, la piedad popular, la celebración participativa de los sacramentos son fuente constante de nuestra espiritualidad. El encuentro con Dios no puede darse al margen de los desafíos de nuestro tiempo y de nuestra cultura. En ese sentido, los pobres y sufrientes de la tierra se constituyen en fuente de gracia y signo claro de la presencia de Dios entre nosotros. El encuentro con el otro desde su dolor, nos saca de la pretensión de construir un vínculo con Dios desde una armonía ilusoria y de la búsqueda de una falsa paz. La verdadera paz, la que anhela nuestro corazón, no se dá al margen de las fragilidades propias y ajenas, sino que se construye desde la integración constante de todo aquello que el mundo tiene por nada. Es la espiritualidad de los que construyen desde la Cruz de Cristo y sienten en su carne el dolor de los hermanos. Este corrimiento significa salir del romanticismo religioso y espiritual que intenta negar la realidad de los límites y el sufrimiento, propios de la vida, del amor y de la muerte. Las tres heridas fundamentales de todo hombre y mujer que pasa por este mundo, según el poeta1. Esta espiritualidad busca construir comunidad desde lo débil y se hace fuerte desde ahí. En el decir de San Pablo sería “Cuando soy débil, entonces soy fuerte en Aquel que me conforta” (2Cor 12, 10). Es la Espiritualidad de los que se meten en la “grieta existencial” del hermano, en el decir del P. Carlos Olivero, y le ponen el cuerpo a dolor.

Es importante destacar que, nuestro trabajo en prevención y acompañamiento de las adicciones, se torna pastoral y eclesial desde la visión trascendente del hombre y el horizonte de la Pascua que todo lo transforma y renueva. De este modo, prevenir es animarnos a crear las condiciones de vida y salud, allí donde la sociedad y los poderes de este mundo han condenado a la exclusión y la muerte, y acompañar o asistir a los que sufren adicciones es ofrecer un encuentro salvífico con el Dios de la Pascua a aquellos que han perdido la esperanza y la confianza. Para resumir este eje, podríamos decir que todo nuestro esfuerzo es brindar un encuentro con Jesucristo como lo verdaderamente sanante.

Consignas:

  • Leer en el grupo el texto. Y compartir impresiones. Tomamos nota de lo hablado
  • Ver los videos: ¿Cómo podemos asumir el concepto de complejidad en las distintas pastorales que conforman la vida de la parroquia? Compartimos en el grupo y presentamos lo hablado.
Complejidad – Historia de Mica
Complejidad – Múltiples miradas
Complejidad – P. Carlos «Charly» Olivero

1 Miguel Hernández, “Llegó con tres heridas”.